título de la sección 1
El dolor crónico es una enfermedad que se diagnostica clínicamente cuando la molestia persiste por más de tres a seis meses.
Si bien el dolor tiene una función protectora y convivimos con él a lo largo de toda la vida, hay que prestar especial atención cuando se presenta de forma demasiado prolongada.
En Chile, una de cada tres personas lo padece (32%), el 65% del total refiere una intensidad moderada y el 20% severa, y afecta mayoritariamente a adultos en edad productiva.
En Red Dávila bridamos una atención personalizada y centrada en el paciente entendiendo que cada condición es particular y requiere un abordaje integral con el objetivo de mejorar la calidad de quieres padecen esta condición.
El dolor es la causa más frecuente de consulta y dentro de los principales diagnósticos de dolor crónico están:
- Lumbago crónico: está asociado generalmente a sobrepeso u obesidad, sedentarismo y cirugía de columna.
- Artrosis de columna lumbar, cervical, toráxica, rodilla, artrosis de cadera y hombro.
- Fibromialgia
- Síndrome miofascial (músculos del cuello, espalda y hombros)
- Dolor neuropático crónico (neuropatías periféricas dolorosas, neuropatía diabética, neuralgia post-herpética, síndromes neuropáticos postquirúrgicos).
- Migraña crónica.
- Disfunción temporomandibular (dolor en la articulación de la mandíbula).
- Artritis reumatoidea.
- Tendinitis.
- Epicondilitis (ejemplo codo del tenista).
- Postoperatorio (cirugías de mama, tórax, amputaciones, fracturas y cirugías de columna).
Una terapia adecuada para el dolor crónico exige desarrollar un plan de manejo entre el equipo médico y el paciente.
Lo anterior, “porque la participación del paciente en la terapia es fundamental para el éxito”, aseguran los especialistas.
En este plan quedan definidos claramente los objetivo, que deben ser graduales; el tiempo requerido para alcanzar los objetivos; las terapias que se utilizaran; y, los controles a seguir.
Los tratamientos que existen para el dolor crónico son: fármacos: analgésicos, antidepresivos, anticonvulsivantes, medicación tópica, ansiolíticos y anticonvulsivantes.
- Analgesia regional (con anestésicos locales).
- Neuroestimulación.
- Terapia física (fisiatría).
- Terapia psicológica (técnicas de manejo del dolor).
- Manejo intervencionista del dolor.
- Cambios de hábitos (vida más saludable).
- Intervenciones no médicas: acupuntura, masoterapia, reiki o aromaterapia.
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